Pio XII hablo mucho para decir nada… “a los cientos de miles de personas que, sin haber cometido falta alguna, a veces sólo por razones de nacionalidad y origen, son destinadas a la muerte o al deterioro progresivo”. ¿Qué no era más fácil gritar a los cuatro vientos “Hay personas muriendo en campos de concentración en Alemania”? Ya no se trata de nacionalidad u origen, no se trata de consecuencias, represalias, o que dirán. Se trata de defender. Ellos estaban esperando tu llamado, y nunca te atreviste a darlo.
Siempre decías “Dejamos morir a un hombre maravilloso”… Te tengo una noticia: En ti estaba salvar a miles… Roma condeno a muerte a tu Dios por ignorancia, tu condenaste a la muerte a tu hermano con consentimiento. Tú mataste de nuevo a tu Dios, de la forma más patética: con enajenación. Unas simples palabras… Un simple mensaje… Un poco de bravura, maldita sea… No fuiste fuerte, no fuiste directo… ¿Qué te costaba? ¿Cómo podías tener la voz y permanecer mudo? ¡Eran familias! ¡Eran las hijas, los esposos, los padres de alguien! ¿Cómo podías dormir? ¿En qué pensabas? Cierra los ojos por un momento… Imagina a personas llorando, a personas suplicando, imagina como se carcomen en vida, imagina su grito desgarrador… Ahora imagina que eran cristianos.
¿Alguna vez experimentaste la sed de esperanza y desolación de cada cadáver rapado y apilado en pozos siniestros de venganza absurda?
¿Hay peor consecuencia que el genocidio?
4 comentarios
Noviembre 23, 2007 a las 4:22 am
A veces me das miedo.
Noviembre 23, 2007 a las 4:44 am
Gracias.
Noviembre 23, 2007 a las 12:43 pm
El miedo es una cosa majestuosa que nos saluda con mucha devoción.
Noviembre 28, 2007 a las 6:28 am
Yo siempre le devuelvo el saludo, al grado de casarme con el.