El problema de la verdad historica

Si para los poderosos la reconstrucción del pasado ha sido un instrumento de dominación indispensable, para los oprimidos y perseguidos el pasado ha servido como memoria de su identidad y como fuerza emotiva que mantiene vivas sus aspiraciones de independencia y de libertad (Enrique Florescano).

 

Vivimos en una época en la que lo antiguo y lo moderno se repelan, uno desacredita al otro y este se levanta en armas con el estandarte de la experiencia arraigada o con el de la novedad revolucionaria.

La postura enraizada desde años defiende su derecho de antigüedad, pero no solo se queda ahí sino que desacredita en sus postulados al ser humano y lo hace parecer un ser frio, indiferente, calculador, alguien que no es capaz de decidir qué rumbo tomar y siempre se queda en medio de las situaciones esperando que todo termine, y después cree sentirse preparado para contar la verdad de los hechos, y no solo una verdad relativa ni mucho menos indeleble, sino que afirma que lo suyo es una autenticidad absoluta.

¿Existe la realidad absoluta? Para la postura tradicional histórica, si. Los hechos se deben de contar tal y como sucedieron ¿Pero cómo sucedieron en verdad? ¿Cómo saberlo si la información ha sido destruida por años de represión a la libertad, si documentos que hablan sobre el mismo tema difieren en fechas, horas y llegando a extremos exorbitantes hasta de personajes, si los historiadores empecinados en dar su punto de vista oculto bajo la sombra monstruosa de la imparcialidad obvian datos, cambian situaciones y mienten en líneas y líneas que forman lo que para ellos no es nuestro pasado?

La historia contemporánea dicta lo contrario, habla de la libertad, del poder que tenemos de decir a que somos adeptos, a que somos sublimes útil e indefinidamente y a que repelamos por no sentirlo acorde a nosotros. Les da el derecho a los historiadores de opinar, mas no el persuadir o disuadir a las personas que los leen, pueden en si participar en su pasado, que bien o mal viene siendo un presente solo que con distintos matices. Les deja ser personas y no simple títeres de datos que han sido modificados por ellos mismos o por otros que también eran títeres.

La historia es nuestra vida, y no es un pasado cualquiera, nos pertenece por derecho unánime y por desacato a las reglas, la forjamos en el día a día que tal vez en el universo sea algo mínimo o máximo, dependiendo de la desidia que tengamos o de la autenticidad que logremos.

¿Pero quién decide que es lo más importante? En la historia tradicional el historiador, en la contemporánea este mismo personaje. ¿Pero no está dejando de un lado la ecuanimidad al considerar un hecho, acontecimiento, suceso o ponencia mejor, más interesante, relevante, sorpresivo, revelador y sorprendente que otro? ¿No va esto en contra de lo tradicional? ¿Se apega esto a las normas de lo contemporáneo?

La historia tradicional se llama a si misma realista, y es aquí donde empieza el problema porque en palabras mayores y hechos menores nombran al nuevo feto un romántico empedernido que cree tener el derecho de contar la historia a su manera sin tapujos, con ideas y dictámenes validos.

Los historiadores se concentran en un punto para su estudio ¿Esto les da derecho para opinar, para errar, para mentir? A las primeras dos se les defiende, pero la tercera casi atraviesa la línea de lo vulgar es cambiar lo cambiado que ya antes había sido retocado y que antes de eso había sido arreglado.

Si tomamos todo como una ciencia ¿Cuánto más se perdería o cuanto más no se creería? Aristóteles afirma algo, si no es totalmente aceptable, coherente o no congenia con lo establecido anteriormente, se hacen las pruebas necesarias con el fin de declararla cierta o extirparla del estudio de la ciencia. ¿Cómo podemos hacer eso con la historia? ¿Cómo comprobar los hechos? Si no es por medio de la opinión de alguien que los ha asimilado.

¿De qué otra manera los justificamos, acreditamos y documentamos? ¿Cómo saber porque cayó el imperio azteca a manos de Cortes? Si no es por medio de los pocos datos que tenemos y de las muchas opiniones que nacen y de las cuales podemos elegir como nuestra verdad.

¿Cómo? ¿Despoblamos al continente Americano y solo dejamos a indígenas en la zona, sacamos a un enfermo mental de algún manicomio europeo y le hacemos creer que necesitamos una nueva ruta de comercio pero que él puede encontrar un nuevo continente, le proveemos tres barcos llenos de presos que ansiaban un poco de paz en las turbias aguas del mar e imploramos para el que pobre desdichado llegue a América y después de algún tiempo mandamos a un hombre con sed de oro, para ver qué sucede?

Anuncios

4 pensamientos en “El problema de la verdad historica

  1. La candorosa dice:

    La subjetividad y la historia, nunca deben ir juntas.

    No es fácil, tampoco imposible…

    La utopias, no fueron lo suficientemente objetivas, supongo.

    Saludos.

    PD: ¿la vida es una paradoja?…

  2. Una completa e inverosimil paradoja.

    Pero si nunca deben ir juntas.. ¿Como logramos la objetividad?

    Las utopias… Y me lo dices a mi que vivo en una eterna.

    Besos!
    ¿Ya ha visto que le he hecho caso, y ahora todos pueden comentar con sus respectivos links?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s