Aun sigo esperando que me digan que no es cierto.

  

Un día conversando con Ovidio, nos dijimos la lista de personas que suponíamos y asegurábamos tendrían una vida normal sin sobresaltos, sin pena y sin gloria, como cualquier mortal, como cualquier vida, como la que él y yo no queríamos, tú estabas entre ellos. Pero ahora nunca sabré como hubiese sido tu vida.

Jamás te juzgue como frívola, jamás te acuse de superficial, no como a tantas otras, tú eras inocente, torpe, ingenua, cálida, bella, tu solo te habías acoplado a un molde y aceptabas tus limitaciones, tus defectos, tus inseguridades con integridad, sin traumarte más de la cuenta.

En el laboratorio de computación, cuando yo trabajaba por las dos, mientras revisabas facebook, me contabas como ibas a estudiar relaciones humanas, algo en lo que no tuvieses que pensar mucho me asegurabas, me mostrabas tu foto y recalcabas cada defecto en tu cuerpo, en tu rostro, en tu reflejo incluso que te hacía ver “mal” y “cerda”, un defecto invisible para mi, demasiado visible para tu gusto sobre la estética. Para mí, siempre fuiste muy bonita.

En cada examen parcial de matemáticas, en cada vez que tenían que evaluarnos para una materia efímera,  volteabas y dabas por sentado que ibas conmigo, mientras yo contestaba y te pedía calculadora, acariciaste mi cabeza y pasaste la mano por tu cabellera como si así pudieses tomar toda mi inteligencia, siempre me decías “yo quisiera tener tu cerebro, yo quisiera ser tu”,  me callaba,  nunca me atreví a decirte que por instantes deseaba saber que se sentía ser tu, que  en muchas ocasiones con todas mis fuerzas desee ser tu. Que aunque nunca te lo dije, en tu forma, a tu estilo muy peculiar, eras más inteligente que yo, aunque ahora no lo creas.

Cuando me puse a dieta, fuiste la única, que día a día, me decía lo bien que me veía con los kilos que perdía, incluso cuando la deje y el efecto perduro, tu siempre lo recalcaste, que fuerza de voluntad tienes me repetías, no, nunca la tuve, pero me hacia bien escucharte. Te interesabas en lo que pensaba, en lo que leía y porque lo hacía. Pero no sé si lo entendías, no sé si me entendías.

Aun recuerdo el día que te negaste a comer porque habías perdido la pastilla que quemaba la grasa de lo que ingerías, yo te decía que no importaba que comieras igual, pero te negabas y ante la mirada atónita de todos te levantaste y te paseaste por Soriana mientras hacíamos la semana laboral, para buscar la pastilla por todo el piso, nadie creía que la fueses a encontrar, pero tu dabas vueltas sobre tu propio eje en el departamento de ropa femenina y agarrando tu cabello con las manos para que no te tapara la vista, no sé si ese día comiste, solo sé que te quise dar un gran abrazo y nunca lo hice. Yo y una amiga hubiésemos matado por tener tus mejillas.

Tu tendrías que haber vivido, tu tendrías que haber estudiado la carrera que eligieses por el motivo que consideraras correcto, tendrías que haber hecho de tu vida lo que mejor te pareciera, tomar decisiones, ser impulsiva, preguntarle a Ponce a ti de qué demonios te servía saber quien había creado las leyes de Newton y todas esas cosas que tu creabas y que yo nunca llegue a conocer. No te dabas cuenta de lo que pasaba mas allá del espejo y así estabas bien.

Ovidio y yo, nunca creímos que fueses hacer algo trascendente, pero yo nunca me di cuenta que lo trascendente lo hacías cada día, que tu vivías, que tu hacías lo que el momento te dictaba a hacer, fuese correcto o no, pero vivías, que decías lo que pensabas y te reías de los resultados, que en el fondo, debajo de todo ese maquillaje, pintura y extensiones, siempre estaba Ana Cecilia. Ovidio, en su ámbito pensaba que te quedarías aquí y te casarías, que lo que decidieras ser y hacer, con ello serias feliz, de eso él estaba segurísimo.

Yo en mi memoria te doy tu gloria, porque para mí jamás serás la rubia tonta. Porque para mí, siempre serás hermosa.

Descansa, descansa para siempre, descansa en paz.

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5 pensamientos en “Aun sigo esperando que me digan que no es cierto.

  1. Acabo de leer este post, y siento escalofrío… tal vez por saber que alguien tan joven se ha ido.
    Sin conocerla y leyendo estas palabras, digo… ¡¡a veces el destino es tan extraño!!

    Un abrazo!!

  2. Definitivamente, este post me hizo llorar, no sólo porque denotaste increíblemente el cariño que sentís por ella, sino porque estoy en una situación similar con una amiga… es tan dura la vida… para todos 😦

    —————————————-

    Muchas gracias por detenerte en mi blog… y por agregarme a tus links de aquí, no soy muy visitada así que me sorprendió 🙂

    Saludos…

  3. Realmente fuerte, emotivo y bello a la vez. Cada una de tus palabras hace que uno se meta mientras lee en tu mundo, el de Ana y Ovidio. Muy triste final, por cierto, pero la vida es así, a veces tan cruel y no ganan los buenos, como en las películas.

    Me gustó mucho el comentario que dejaste en mi blog, y me halaga que lo consideres como “lectura indispensable”.

    Desde ya, tenés un nuevo lector argentino (viviendo en Barcelona).

    Te mando un beso grande!

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