No puedo forzarte a nada más

Forje cinco años de mi vida en una ilusión, en algo que existía en mi imaginación. La cuestión no es porque lo hiciste si no porque yo me lo hice. Hasta puede que haya manipulado la situación, obligarte a permanecer, obligarte a hacer, obligarte a cumplir con mi patrón. Que me hago la víctima para no afrontar que es mi culpa, que me lo busqué. Pero si soy tan cínica: ¿Por qué duele tanto?

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Me dolió

A veces es mejor permanecer callada,
si no quieres oír las carcajadas,
de todo un salón de filosofía.
Sentada en el asiento de la primera fila,
las risas de atrás, me carcomían.

Yo leí, el maestro trato de parar,
y ella susurro que nada se apuntaba
en el pizarrón, porque nada
de lo que había dicho,
tenía relación con la razón.

Las risas eran cada vez más fuertes,
yo me mordía mis uñas verdes.
Tendría que hablar sola con mi silencio
y mi pseudo filosofía,
antes de quedar como idiota ante un salón,
que habla sobre que es naturaleza
y su relación con la vida.

Ya no oigo, ya no estoy, ya no veo al profesor,
Solo quiero irme y no volver a hablar…
¿Por qué tenía que dar mi estúpida definición?
Y las risas prosiguen,
y yo tengo que volver callada, sumisa, callada…
Ya no existir más.

Ni siquiera se tu nombre

Hace 17 años, dos mujeres esperaban dar a luz, las dos lo hicieron, una lo perdió. Yo nací, el murió. Su mamá enloqueció y me culpo. Yo había succionado el alma del bebe, grito en su momento, yo había vivido a costa de su hijo. Me había alimentado de su placenta por medio de magia negra, hasta dejarlo débil y enfermizo. Y ella en su locura, aseguraba que en mi inconsciencia yo me regocijaba del placer de lo vivido. Un solo hombre había fecundado a ambas, el mismo que creyó la historia y me repudio por mi cobardía cometida a los tres meses de nacida. Yo era ya para entonces una asesina. No hubo explicación que los sacase de su razonamiento, yo había cometido asesinato involuntario, silencioso y corrosivo, yo había asesinado a mi hermanito y no el que hubiese nacido mucho antes de lo previsto.

Yo solo quiero que sepas que en ningún momento quise quitarte la vida, tu mama mintió por alguna razón desconocida, yo quería conocerte, yo quería tenerte y entérate desde ahora que aunque nos conozcamos a destiempo, yo siempre voy a quererte. Feliz Cumpleaños diecisiete.

Payasito de peluca roja

Browsville, Texas. 17: 00 horas. Viernes 01 de Agosto de 2008. Despachador de aspecto latino y gafete con el nombre de “Javi Ramírez” visible.

Nehuatl: Hola. Quiero un cono simple, por favor.

Javi Ramírez: Iiiii mm soly, shoo (como tratando forzadamente de hablar español con “acento” estadounidense) no spoken spanisshhhhh.

Nehuatl: ¿Perdón?

Javi Ramírez:

Nehuatl: es “I´m sorry, I don´t speak Spanish” primero aprende a imitar correctamente una frase en un idioma que no entiendes en absoluto y luego pásatela por el culo.

Javi Ramírez: Iiiii mm soly, shoo nonon spiken spanisshhhhh.

Permanecí dos días en una funeraria

Recuerdo esta escena, como jamás he recordado otra, y sigue provocando una rabia que aun ahora cuando te veo inerte dentro una caja gris, no se puede extinguir.

Tenía quizás 7 años, sentada en la cama, en la habitación de mi abuela, viendo en la tele gigante “La Sirenita”, tu llegaste y te pusiste enfrente de mí, le cambiaste de canal, como si yo no existiera, como si no importara, como si tu fueses el dueño de la casa, casa que mi mama mantenía, como si mi sola presencia te repudiara, como años después a mi me repudiaba tu sola mención. Sentada en la cama, contigo enfrente divagando entre la programación, me di cuenta que no tenia caso quedarme, que te quedarías eternamente allí parado solo para molestarme y me salí de la habitación, quiero creer que me salí.

Fui donde mi abuela y le dije lo que habías hecho, me ignoro, me dijo que ya era hora de comer, que yo siempre veía ese mugrero, que te dejara en paz ver la tele, que ningún daño me hacías, que dejara de molestar con mis alegatos inútiles, te pregunto si no necesitabas algo mas, que si te llevaba la comida al cuarto y después de empujarme, se arrepintió de su acción y me puso una tele pequeña, pequeñísima de blanco y negro para que siguiera viendo “La sirenita”. Mientras tú permanecías a tus anchas en la televisión gigante que me pertenecía. Quise estrangularte con todas mis fuerzas.

Mi mamá como de costumbre, regreso a la ciudad en el fin de semana y te corrió, advirtió que no eras bienvenido, que eras un parasito, que te fueras, mientras le repetía a mi abuela que no podías estar en esta casa, eras un enfermo mental en el peor sentido de la palabra, todos lo sabían pero te tenían lastima.

Un enfermo mental, asqueroso, apestoso, gordo; un enfermo mental que acabo con mi infancia durante años con tu sola vuelta a esta casa, con tus intentos fallidos de querer golpear a mi mamá, con tus intentos logrados de golpear a mi abuela mientras yo observaba temerosa desde una ventana, con tus gritos de que esta casa era tuya por ser el hijo mayor, con tu locura de creer que siempre tenias razón, con el asco que sentía cada vez que mi abuela te defendía y se desvivía por ti, con el miedo que vivía de que estuvieses porque mi mamá se acobardaba ante las suplicas de Socorro de que por lo menos una noche te dejara permanecer aquí, por el mareo que experimentaba cada vez que bajaba a desayunar, mientras tu desnudo paseabas de cuarto en cuarto. Por todas las veces que le suplique a mi mamá que nos fuésemos, pero ella no quería, no podía dejarte con mi abuela sola aquí, la volverías loca me repetía sin cesar, a la que volvieron loca fue a mí.

Púdrete en el infierno, ahógate en tu propio excremento, fui infeliz muchos años gracias a ti, siente en tu cuerpo frio las llamas que lo queman, quédate en polvo y que te olviden para siempre. Púdrete.