Sé que es una mala poesía

No quiero que me quieras como amiga,
quiero que me veas como lo que soy:
la que presente ser “el amor de tu vida”.
Quiero delirar, como si fuese el último día.

En lo único que pienso es en besarte:
voy a terminar hablándote.
En lo único que pienso es en amarte:
voy a terminar solo abrazándote.
En lo único que pienso es en llamarte:
voy a cortárme los dedos para no marcarte.

A veces soy tan infeliz.
Ahora ni siquiera te tengo a ti.
¡No ya no!
¿Por qué no?
Ya nos hicimos mucho daño.
Déjame curarlo.

Enojo mal enfocado

Solo quiero saber:
¿Susana, puede tener a todo un público de pie?
Yo tampoco.
Solo quiero saber:
¿Susana te mira como yo lo hice ayer?
Tampoco te mire.
Solo quiero saber:
¿Susana tiene un blog con una sección dedicada a vos?
Solo quiero saber:
¿Por qué ella y no yo?
 Tengo algo con lo que ella no cuenta:
una nacionalidad extranjera.
Ella tiene algo que yo quisiera,
a ti alado de mi cabeza.
Porque para mí tu eres “tu”
y para ella siempre serás “vos”.
Porque en mi inecuación imperfecta,
la invitación está dictada al pie de la letra.
Porque en mi inecuación imperfecta,
empiezo a decir “vos”,
para que  te des cuenta,
de que suena mejor “tú y yo”.
Porque en mi inecuación imperfecta,
tú escoges a la pobre que ahora te ruega.
Porque mi parte irracional,
me dice que todo fue verdad.

Me dolió

A veces es mejor permanecer callada,
si no quieres oír las carcajadas,
de todo un salón de filosofía.
Sentada en el asiento de la primera fila,
las risas de atrás, me carcomían.

Yo leí, el maestro trato de parar,
y ella susurro que nada se apuntaba
en el pizarrón, porque nada
de lo que había dicho,
tenía relación con la razón.

Las risas eran cada vez más fuertes,
yo me mordía mis uñas verdes.
Tendría que hablar sola con mi silencio
y mi pseudo filosofía,
antes de quedar como idiota ante un salón,
que habla sobre que es naturaleza
y su relación con la vida.

Ya no oigo, ya no estoy, ya no veo al profesor,
Solo quiero irme y no volver a hablar…
¿Por qué tenía que dar mi estúpida definición?
Y las risas prosiguen,
y yo tengo que volver callada, sumisa, callada…
Ya no existir más.

Santa Fe

En un asiento rumbo a Santa Fe,
va la importancia que creí tener.
En un asiento rumbo a Santa Fe,
están todas las veces que te insulte.

En un asiento a Santa Fe,
quizás te encuentres,
a otra enamorada a la cual querer.
Mientras mis gritos se atragantan,
tú viajas para oír a un ángel caer.
Todo sucede en Santa Fe.

En un asiento de un bus a Santa Fe,
tu duermes pensando en el ayer,
Y la Rosario que se producirá después.

En Santa Fe no oirás mi voz,
porque yo a Santa Fe no voy.
Yo no pensare mientras estés allá,
porque comprenderás lo que dejaste acá.

Porque en la simplicidad de las letras,
Santa Fe no te escribirá.
Porque en la simplicidad de las palabras,
a Santa Fe no la leerás.
Porque en el susurro vacilante del dolor,
Santa Fe nunca sintió.

Porque escuchas lo mismo que yo,
pero en Santa Fe,
sin despedirte, estas hoy.
Porque en Santa Fe se quedo una parte de vos.
Porque en Santa Fe quebrantaste una parte de mi amor.