La naturaleza no es del hombre, el hombre es de la naturaleza.

La voz conformista y susurrante,
me desquicia.
Me hace gritar, romper y explotar.

Tengo ganas de acabar,
de estrangular,
de golpear
y me tardo en calmar.

No me taladres,
no me subestimes,
no me ignores,
no me odies,
no me sigas
solo por guiarte de la ecología.

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Enojo mal enfocado

Solo quiero saber:
¿Susana, puede tener a todo un público de pie?
Yo tampoco.
Solo quiero saber:
¿Susana te mira como yo lo hice ayer?
Tampoco te mire.
Solo quiero saber:
¿Susana tiene un blog con una sección dedicada a vos?
Solo quiero saber:
¿Por qué ella y no yo?
 Tengo algo con lo que ella no cuenta:
una nacionalidad extranjera.
Ella tiene algo que yo quisiera,
a ti alado de mi cabeza.
Porque para mí tu eres “tu”
y para ella siempre serás “vos”.
Porque en mi inecuación imperfecta,
la invitación está dictada al pie de la letra.
Porque en mi inecuación imperfecta,
empiezo a decir “vos”,
para que  te des cuenta,
de que suena mejor “tú y yo”.
Porque en mi inecuación imperfecta,
tú escoges a la pobre que ahora te ruega.
Porque mi parte irracional,
me dice que todo fue verdad.

Causa Perdida

¿De qué te sirve dar la soga al otro, cuando tu estas hasta el final del pozo? ¿De qué te sirve dar el mapa, si no encuentras la salida al laberinto? ¿De qué te sirve encontrar el sufrimiento en el rostro de las personas, si tú hace mucho que no te miras al espejo?

Nadie nunca te va a entender, nadie nunca te va a comprender, podrán intentarlo, podrán escucharte, darte palabras de aliento que se pierden entre un montón de voces que callan por cobardía. Solo la persona tiene la solución, no se puede estar en medio de la vida esperando por siempre a Godot.

Dicen que la gente critica porque no sabe lo que hay adentro ¿Cómo van a saberlo si el maquillaje esta en demasía? No se puede apoyar al otro, si este no empieza primero. Huimos siempre de nosotros mismos, tenemos censura a nuestras propias ideas y hacemos callar a nuestra boca. ¿Por qué no somos lo que somos? Ya lo recuerdo: Porque no sabemos.

Payasito de peluca roja

Browsville, Texas. 17: 00 horas. Viernes 01 de Agosto de 2008. Despachador de aspecto latino y gafete con el nombre de “Javi Ramírez” visible.

Nehuatl: Hola. Quiero un cono simple, por favor.

Javi Ramírez: Iiiii mm soly, shoo (como tratando forzadamente de hablar español con “acento” estadounidense) no spoken spanisshhhhh.

Nehuatl: ¿Perdón?

Javi Ramírez:

Nehuatl: es “I´m sorry, I don´t speak Spanish” primero aprende a imitar correctamente una frase en un idioma que no entiendes en absoluto y luego pásatela por el culo.

Javi Ramírez: Iiiii mm soly, shoo nonon spiken spanisshhhhh.

Permanecí dos días en una funeraria

Recuerdo esta escena, como jamás he recordado otra, y sigue provocando una rabia que aun ahora cuando te veo inerte dentro una caja gris, no se puede extinguir.

Tenía quizás 7 años, sentada en la cama, en la habitación de mi abuela, viendo en la tele gigante “La Sirenita”, tu llegaste y te pusiste enfrente de mí, le cambiaste de canal, como si yo no existiera, como si no importara, como si tu fueses el dueño de la casa, casa que mi mama mantenía, como si mi sola presencia te repudiara, como años después a mi me repudiaba tu sola mención. Sentada en la cama, contigo enfrente divagando entre la programación, me di cuenta que no tenia caso quedarme, que te quedarías eternamente allí parado solo para molestarme y me salí de la habitación, quiero creer que me salí.

Fui donde mi abuela y le dije lo que habías hecho, me ignoro, me dijo que ya era hora de comer, que yo siempre veía ese mugrero, que te dejara en paz ver la tele, que ningún daño me hacías, que dejara de molestar con mis alegatos inútiles, te pregunto si no necesitabas algo mas, que si te llevaba la comida al cuarto y después de empujarme, se arrepintió de su acción y me puso una tele pequeña, pequeñísima de blanco y negro para que siguiera viendo “La sirenita”. Mientras tú permanecías a tus anchas en la televisión gigante que me pertenecía. Quise estrangularte con todas mis fuerzas.

Mi mamá como de costumbre, regreso a la ciudad en el fin de semana y te corrió, advirtió que no eras bienvenido, que eras un parasito, que te fueras, mientras le repetía a mi abuela que no podías estar en esta casa, eras un enfermo mental en el peor sentido de la palabra, todos lo sabían pero te tenían lastima.

Un enfermo mental, asqueroso, apestoso, gordo; un enfermo mental que acabo con mi infancia durante años con tu sola vuelta a esta casa, con tus intentos fallidos de querer golpear a mi mamá, con tus intentos logrados de golpear a mi abuela mientras yo observaba temerosa desde una ventana, con tus gritos de que esta casa era tuya por ser el hijo mayor, con tu locura de creer que siempre tenias razón, con el asco que sentía cada vez que mi abuela te defendía y se desvivía por ti, con el miedo que vivía de que estuvieses porque mi mamá se acobardaba ante las suplicas de Socorro de que por lo menos una noche te dejara permanecer aquí, por el mareo que experimentaba cada vez que bajaba a desayunar, mientras tu desnudo paseabas de cuarto en cuarto. Por todas las veces que le suplique a mi mamá que nos fuésemos, pero ella no quería, no podía dejarte con mi abuela sola aquí, la volverías loca me repetía sin cesar, a la que volvieron loca fue a mí.

Púdrete en el infierno, ahógate en tu propio excremento, fui infeliz muchos años gracias a ti, siente en tu cuerpo frio las llamas que lo queman, quédate en polvo y que te olviden para siempre. Púdrete.