Tres mujeres

Ellas tres viven bajo un mismo techo. La primera nunca amo al hombre con el que se caso, la segunda amo con locura al hombre con el que nunca se caso y la tercera ama a quien la considera una ciclotímica.

La primera vivió con carencias, la segunda con limitaciones y la tercera con excesos. Una vive del pasado y de parientes lejanos malagradecidos, todo es mejor de lo que ella tiene pues no tiene nada, la segunda está atada a deudas y preocupaciones y la tercera está casada con sus miedos, con sus anhelos de llamar la atención y refugiada en libros con palabras extrañas, que muchas veces ni siquiera ella comprende.

La primera no utiliza los cubiertos, agarra la comida con las manos o las tortillas y eructa después de tomar el refresco, la segunda chupa los huesos de pollo pero sabe cómo comportarse en la mesa delante de extraños, la tercera ha sentido asco por las anteriores y es comedora compulsiva.

La primera no quiere a ninguna de las otras dos mujeres, la segunda las quiere a ambas y la tercera siente rencor por una y compasión de gratitud por la otra. La primera utiliza groserías para hablar o expresiones de vecindad de un México coloquial, la segunda utiliza el morbo y el lenguaje de calo y la tercera lucha irrefutablemente contra la tradición.

Una no entiende nada y no sabe nada, la otra sabe lo que una clase media debe de saber y un poco más y la ultima… La última se cree una estúpida. La primera detesta la soledad, la segunda la anhela y la tercera garcha con ella.

Estas tres mujeres lo único que tienen en común es su infelicidad y aun así son capaces de compartir día tras día la mesa y a veces, aunque pocas, reír con sinceridad.

La segunda lloraría si me leyera.

Conversaciones

 …DE ARGENTINA…

Él: No creo que a una mujer como tu se le conquiste con cursilerías.
Yo: ¿Cursilerías?
Él: Cartas, poemas, mensajes… Todo eso
Yo: Irónico
Él: ¿El qué?
Yo: El que este convenciendo a un hombre de que me cante.

…DE HOMBRES LOBO…

Yo: Tengo una fascinación por los hombres lobo.
Él: ¿Por qué?
Yo: Se decía que muchos cambiaban la corporalidad mas no la mente… ¿Que se sentirá verte al espejo y ver a un ser completamente diferente? Ver a otros en lugar de a ti…
Él: Dímelo tú, que lo haces todos los días…

…SUICIDA…

Ella: Muérete
Yo: Ve la gravedad de decirle eso a una suicida
Ella: Te lo estoy diciendo a ti…
Yo: Ve la gravedad…

Lo que te estas preguntando… La respuesta es si.

Humanidad y Dependencia

Tenemos miedo, miedo a lo que no entendemos, a lo que nos es desconocido y odiamos a quienes se burlan con prepotencia o indiferencia de ello.

La búsqueda de nuestra naturaleza es constante aunque no sea consciente, nos ensimismamos y encontramos en la soledad una amiga cruda y efímera que siempre estará cuando la busquemos porque a la par reconocemos que nadie nunca esta solo porque siempre cuenta consigo mismo.

El hombre es historia y la historia se convierte en hombre cuando realizamos algo que marca una nueva era, una nueva línea aunque sea delgada que marca a propios y extraños, cuando nos filigrana a nosotros y entonces punteamos un antes y un después de eso, Hitler con su nazismo, Mussolini con su fascismo, Santa Anna con sus golpes de estado y cada una de nosotros con nuestro “Te amo”.

Podemos tener todo a nuestro alcance y ser impasibles a ello, pero no una indiferencia sabia como la de la Loyola, si no una mediocre, hostigada, burda y sorna, tenemos la llave para abrir la segunda, la tercera, la cuarta y hasta la quinta puerta, pero somos participes de un miedo infundado, arraigado y déspota que ni siquiera nos permite buscar la llave de la primera, bajo el alegato de la gravedad de las consecuencias.

No somos capaces de pensar por nosotros mismos y somos tan manipulables que creemos en la adoración y creencias de situaciones ilógicas, inverosímiles que rayan en lo ridículo y fantasioso, pero nos calmamos bajo la máscara de creer que si otros lo piensan entonces es correcto y seguimos por esta línea hasta llegar a mentirnos a nosotros y a los demás, hasta forma mi realidad, nuestra realidad.

Nos volvemos egoístas o dependientes de los demás y para los demás, no pensamos por cuenta propia y seguimos esperanzados a una sociedad que tanto puede ser el juez más blando como el verdugo más insoportable, y así le vamos dando motivos para llorar al primero y nuevas botas al segundo.

Silencio culpable

Pio XII hablo mucho para decir nada… “a los cientos de miles de personas que, sin haber cometido falta alguna, a veces sólo por razones de nacionalidad y origen, son destinadas a la muerte o al deterioro progresivo”. ¿Qué no era más fácil gritar a los cuatro vientos “Hay personas muriendo en campos de concentración en Alemania”? Ya no se trata de nacionalidad u origen, no se trata de consecuencias, represalias, o que dirán. Se trata de defender. Ellos estaban esperando tu llamado, y nunca te atreviste a darlo.

Siempre decías “Dejamos morir a un hombre maravilloso”… Te tengo una noticia: En ti estaba salvar a miles… Roma condeno a muerte a tu Dios por ignorancia, tu condenaste a la muerte a tu hermano con consentimiento. Tú mataste de nuevo a tu Dios, de la forma más patética: con enajenación. Unas simples palabras… Un simple mensaje… Un poco de bravura, maldita sea… No fuiste fuerte, no fuiste directo… ¿Qué te costaba? ¿Cómo podías tener la voz y permanecer mudo? ¡Eran familias! ¡Eran las hijas, los esposos, los padres de alguien! ¿Cómo podías dormir? ¿En qué pensabas? Cierra los ojos por un momento… Imagina a personas llorando, a personas suplicando, imagina como se carcomen en vida, imagina su grito desgarrador… Ahora imagina que eran cristianos.

¿Alguna vez experimentaste la sed de esperanza y desolación de cada cadáver rapado y apilado en pozos siniestros de venganza absurda?

¿Hay peor consecuencia que el genocidio?